EL ALIMENTO DE LA PALABRA DE DIOS PARA NUESTRA FAMILIA

XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

«SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR»

Esta iniciativa tiene la intención de acercar más a las familias a los tesoros que abundan en la Palabra de Dios. Pongo en tus manos estos sencillos pasos que, si se llevan a cabo como se aconseja, estoy seguro que ayudarán a papás, hijos, abuelos y a todos los miembros de cada familia a conocer, comprender y poner en práctica lo que Dios una y otra vez nos dice en su palabra, que es pan que alimenta y vida para el mundo. El Espíritu Santo ilumine a cada familia en esta aventura, y la Virgen María y San José nos muestren a la Palabra hecha carne, a quien ellos mismos contemplaron.

Pbro. Martín González Soria

Catedral de San Buenaventura, Edo. de México.

PASO 1. ORAMOS EN FAMILIA PARA PREPARARNOS A ESCUCHAR

Estando reunida la familia hacen la siguiente oración:

Papá o mamá: Señor, Padre nuestro, queremos que tú seas el centro de nuestra familia. Te ofrecemos nuestro hogar y nuestro corazón. Especialmente te damos gracias por el don de la creación y de nuestra redención. Ponemos en tus manos a tantas familias que están pasando por momentos difíciles para que experimenten tu consuelo y tu paz. Amén

Todos los demás miembros de la familia: Señor, tu Palabra sea lámpara que ilumine nuestros pensamientos, palabras y acciones, a fin de que transforme y moldee el barro del que estamos hechos y así, cada vez más, tomemos la forma que tú quieres, que tú has soñado para esta familia. Virgen María, prepara nuestro corazón para acoger la Palabra como tú la acogiste y te alimentaste de ella. Amén.

Finalmente rezan juntos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

PASO 2. ESCUCHAMOS EN FAMILIA LA BUENA NOTICIA

Este paso consiste en la lectura pausada y repetida del texto bíblico que ha sido escrito para nosotros hasta que «el texto hable por sí mismo». No es una lectura para ilustrarnos o para ilustrar a otros sino para conocer la voluntad de Dios en la vida concreta de nuestra familia, en el hoy de nuestra historia. La actitud para acercarnos a la Palabra de Dios ha de ser de humildad y sencillez, en un ambiente de oración y de escucha. Esta escucha tiene la finalidad de prepararnos para el siguiente paso. Escuchemos con oídos de discípulos la Palabra de Dios que es viva y eficaz y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las foronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón» (Heb 4,12). (Pueden encender un cirio que ambiente el lugar de oración).

En este ambiente de oración leemos y escuchamos el pasaje bíblico: (un miembro de la familia lee 2 veces el pasaje del evangelio según San Lucas Capítulo 9, versículos 18-24)

+ Del Santo Evangelio según San Lucas 11, 1-13

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de los discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».

            Entonces Jesús les dijo: «Cuando oren, digan: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación. También les dijo: «Supongan que alguno de ustedes tiene un amigo que viene a medianoche a decirle: ‘Préstame, por favor, tres panes, pues un amigo mío ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle’. Pero él le responde desde dentro: ‘No me molestes. No puedo levantarme a dártelos, porque la puerta ya está cerrada y mis hijos y yo ya estamos acostados’. Si el otro sigue tocando, yo les aseguro que, aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su molesta insistencia, sí se levantará y le dará cuanto necesite.

            Así también les digo a ustedes: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá. Porque quien pide, recibe; quien busca, encuentra, y al que toca, se le abre. ¿Habrá entre ustedes algún padre que, cuando su hijo le pida pescado, le dé una víbora? ¿O cuando le pida huevo, le dé un alacrán? Pues, si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan?

Palabra del Señor.

PASO 3. PROFUNDIZAMOS LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(Un integrante de la familia lee lo siguiente)

Ejercicio: encerramos en un círculo los personajes que aparecen en el texto, encerramos en un rectángulo, con otro color, las actitudes de esos personajes; finalmente subrayamos con otro color los verbos, palabras o frases que más se repitan o que sean clave. Por ejemplo, un personaje es Jesús, una de sus actitudes es que está orando, otra es la petición que le hace uno de sus discípulos, otra…, una frase es: «Pidan y se les dará»…etc.

Después de realizar este ejercicio, profundizamos el texto bíblico con la lectura siguiente:

Una de las actitudes fundamentales que formaban parte de manera natural en la vida de Jesús era la oración, es decir, el estar en continua cercanía y diálogo con su Padre. Aprovechaba todo momento y oportunidad para alejarse un poco del ajetreo, actividades y compromisos, para entrar en esa atmósfera desde donde veía clara y nítida la voluntad de su Padre y la misión que había de realizar en favor nuestro. En una de esas ocasiones en que Jesús oraba, uno de sus discípulos le hizo esta petición: «Señor, enséñanos a orar…». Los discípulos también quieren participar de esa extraordinaria experiencia de la oración, no quieren quedarse fuera de la comunión con Dios, saben que necesitan aprender a hacer oración y aprenderlo de su Maestro. La petición de los discípulos manifiesta el querer tener la experiencia de una de las actitudes principales de su Señor, son muchas las veces en las que lo han visto hacer oración y ellos también desean entrar en esta atmósfera de lo divino, sumergirse como Jesús, en el Padre, conocer su voluntad y hacerse uno con él.

La respuesta de Jesús no se hace esperar: «Cuando oren, digan: «Padre…». Lo primero en la oración es entrar en la experiencia de sentirnos y sabernos hijos amados de nuestro Padre Dios, no llamándole «Señor», «Dios» o de otra manera sino «PADRE». La pronunciación de esta palabra nos indica confianza, cercanía,  protección, cobijo, amor. Jesús es el Hijo amado del Padre, por eso, al decirnos que lo llamemos «Padre», nos está compartiendo el amor de su Padre, nos está diciendo: también ustedes son hijos amados de mi Padre y le pueden llamar así. Pensándolo bien, el único que le podría llamar a Dios «Padre» es solamente Jesús porque él es el Hijo único del Padre, sin embargo, al hacerse hombre nos ha hecho al mismo tiempo sus hermanos, por eso nos atrevemos a llamarle «Padre» a Dios, y lo hacemos unidos a Jesús, nuestro hermano. De esta manera, en Jesús somos hijos de un mismo Padre lleno de amor por todos sus hijos.

En la versión del texto bíblico que hemos escuchado, el evangelista San Lucas nos presenta cinco de las site peticiones con las que se forma la oración del «Padre nuestro», mientras que el texto paralelo en San Mateo nos expone las siete (Cf Mt 6, 9-13). Si nos fijamos bien, la oración del Padre nuestro comienza con lo primero, es decir con el «Padre» y en un segundo momento continúa con nuestras necesidades.

Vamos por orden: las tres primeras peticiones de esta oración, modelo de toda oración, tienen la peculiaridad de que Jesús las dirige al Padre, el Padre es el centro: en la primera, Jesús nos pide santificar SU nombre, en la segunda, que venga a nosotros SU Reino y en la tercera que se haga SU voluntad. El nombre de nuestro Padre, que es santificado, está llamado a reinar y cuando reina es cuando se hace su voluntad en todo lugar. Esto quiere decir que nuestra oración ha de comenzar siempre por el principio, por el Padre, porque él es el centro de toda oración, es el fundamento y la roca donde nuestra oración encuentra apoyo y solidez y donde, al mismo tiempo, adquiere todo su sentido y razón. Practicando así la oración desde el comienzo, notamos que el centro no son nuestras necesidades, por muy válidas y urgentes que sean, ni siquiera nuestros deseos o aspiraciones más excelentes, el foco no es pedir por esto o por aquello, sino que es nuestro Padre, su nombre, su reino y su voluntad.

Las cuatro siguientes peticiones están, ahora sí, dirigidas a nuestras necesidades y, al cumplirse y hacerlas vida, la voluntad de nuestro Padre se hace realidad en nosotros. estas peticiones son: Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. En estas peticiones se condensa todo lo que nuestro Padre sabe que necesitamos: «Danos hoy nuestro pan de cada día», es decir, lo necesario para vivir cada día, es una súplica llena de confianza a su Providencia, el pan implica tener un techo, tener vestido y el sustento necesario para vivir y compartir, y de una manera sacramental pedimos al Padre que no nos falte nunca el Pan de vida, el Pan de la Eucaristía, Jesús. «Perdona nuestras ofensas», cuando perdonamos las ofensas nos parecemos más a nuestro Padre, que nos dice: «Sean misericordiosos como yo soy misericordioso», si por un lado no podemos vivir sin el perdón de Dios, tampoco podemos vivir sin perdonar. Al pedirle al Padre que «no nos deje caer en la tentación», Jesús sabe que somos frágiles y débiles, expuestos a peligros y tentaciones de todo tipo, por eso en la tentación hay que buscar ayuda de lo alto para que cuando se presenten, nuestro Padre nos haga fuertes con su gracia a fin de no caer; y por último, con el «líbranos del mal», rogamos al Padre que él sea nuestra protección y nuestro refugio ante todas las acechanzas del maligno. 

Finalmente, con la parábola del amigo inoportuno que va a medianoche a pedir que le ayuden, Jesús nos enseña a que nuestra oración sea continua y perseverante, una y otra vez sin desanimarnos, no sólo ser una familia donde se hace oración sino ser una familia de oración, porque la oración no es para realizarse de vez en cuando sino que es una actitud permanente, un estilo de vida, de confianza y amor de un hijo ante su Padre.

PASO 4. MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

La meditación de la Palabra de Dios consiste en la aplicación del texto a lo que hoy en día estamos viviendo en nuestra familia. Una vez escuchado el texto bíblico, ahora se trata de reflexionar qué nos dice el texto a nuestra familia «hoy»; dejar que la Palabra interpele nuestra vida, purifique nuestros pensamientos, comportamientos y acciones. Es la búsqueda de la verdad y los valores ocultos en el texto con el fin de iluminar nuestra vida familiar, al hacer esto comienza la meditación. Se recomienda detenernos en una frase o actitud que nos haya impresionado y no tratar de agotar todo el texto. Preguntas que nos puedan ayudar: ¿A qué me está llamando aquí Jesús? ¿En qué tengo que cambiar, cómo he de reaccionar en adelante, a qué me puedo comprometer en concreto, qué luz me da para entender mejor mi vida? ¿Qué actitudes me invita a tener? ¿Qué actitudes me invita a abandonar?

  • Al escuchar el texto bíblico nos preguntamos: ¿Nuestra oración tiene como centro a nuestro Padre Dios? ¿Tiene como centro su nombre, su voluntad y su Reino en nuestra vida y familia? ¿Cómo es nuestra oración? ¿Tiene como modelo la oración del Padre Nuestro que Jesús nos enseña hoy?
  • Cuando hacemos oración, ¿Comezamos inmediatamente con nuestros asuntos, preocupasiones o problemas? ¿Nos damos un tiempo para experiementarnos en primer lugar hijos amados? ¿Antes de nuestra voluntad, le pedimos al Padre que se haga la suya y que venga su Reino a nuestro hogar y corazón?
  • El centro de toda experiencia de oración es el mismo Dios, ¿Expresa nuestra oración la confianza total en nuestro Padre? ¿Qué hemos de hacer para no caer en el peligro de ser nosotros el centro de la oración?
  • Cierto que tenemos necesidades diversas, ¿Las expresamos teniendo en cuenta las peticiones del «Padre Nuestro», es decir: el pan, el perdón, el pedir que no nos deje caer en tetación y nos libre de todo mal?
  • Jesús nos dice: «Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿Cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quines se lo pidan?» ¿En nuestra oración saboreamos la bondad de un Padre que da «la mejor cosa buena» a sus hijos, es decir, el Espíritu Santo?

PASO 5. ORAMOS CON LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

La oración es la consecuencia natural de la confrontación, entre lo que nos ha dicho la Palabra de Dios y cuando la hacemos nuestra. Cuando en la meditación percibimos lo que Dios quiere de nosotros se experimenta la pequeñez y escasez de recursos con que se cuenta para ponerlo en práctica. Y ella desencadena el diálogo con Dios, que es centro de toda experiencia de oración, sea de alabanza, agradecimiento, súplica o petición de perdón. Entonces el texto bíblico se hace parte de la oración y presta de modo habitual el motivo y las palabras de la oración. La oración nos hace ver el mundo con los ojos de Dios; es decir, se van dejando de ver las cosas desde uno mismo y se logra “hacer de Dios parte normal de la propia vida”. En la oración se refleja el itinerario personal de cada uno en su caminar hacia Dios y su esfuerzo de vaciarse de sí mismo para dar lugar a Dios, al hermano, a la familia y a la comunidad.

  • Espontáneamente démosle gracias a nuestro Padre Dios por su Palabra
  • Somos hijos amados de nuestro Padre, ¿Qué nace de nuestro corazón decirle?
  • ¿Qué gracias y dones le pedimos para ser una familia que tenga como centro el nombre, la voluntad y el Reino de nuestro Padre?
  • ¿Qué le podemos decir para no llevar sólo nuestros problemas a la oración sino antes sentirnos hijos confortados, amados y que buscan su voluntad y su Reino?

PASO 6. ACTUAMOS LA PALABRA DE DIOS EN NUESTRA VIDA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

  • ¿Qué acciones concretas podemos hacer como familia para que esta Palabra que ha salido de los labios de Jesús y ha regado nuestro corazón vuelva a él convertida en frutos abundantes?

Después de compartir el punto anterior, todos terminan con esta oración: Gracias Padre bueno porque hemos escuchado, meditado y orado tu Palabra, tu palabra que es vida. Concédenos la gracia de crecer en el conocimiento y el seguimiento de tu Hijo Jesucristo, buscando siempre hacer lo que te agrada, como él lo hizo, y reconocer que la vida que nos has dado sólo alcanzará su plenitud en la medida en que se pierda por tu causa. Amén.

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