EL ALIMENTO DE LA PALABRA DE DIOS PARA NUESTRA FAMILIA

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

«EL DESAFÍO DE DAR EL PRIMER PASO»

Esta iniciativa tiene la intención de acercar más a las familias a los tesoros que abundan en la Palabra de Dios. Pongo en tus manos estos sencillos pasos que, si se llevan a cabo como se aconseja, estoy seguro que ayudarán a papás, hijos, abuelos y a todos los miembros de cada familia a conocer, comprender y poner en práctica lo que Dios una y otra vez nos dice en su palabra, que es pan que alimenta y vida para el mundo. El Espíritu Santo ilumine a cada familia en esta aventura, y la Virgen María y San José nos muestren a la Palabra hecha carne, a quien ellos mismos contemplaron.

Pbro. Martín González Soria

Catedral de San Buenaventura, Edo. de México.

PASO 1. ORAMOS EN FAMILIA PARA PREPARARNOS A ESCUCHAR

Estando reunida la familia hacen la siguiente oración:

Papá o mamá: Señor, Padre nuestro, queremos que tú seas el centro de nuestra familia. Te ofrecemos nuestro hogar y nuestro corazón. Especialmente te damos gracias por el don de la creación y de nuestra redención. Ponemos en tus manos a tantas familias que están pasando por momentos difíciles para que experimenten tu consuelo y tu paz. Amén

Todos los demás miembros de la familia: Señor, tu Palabra sea lámpara que ilumine nuestros pensamientos, palabras y acciones, a fin de que transforme y moldee el barro del que estamos hechos y así, cada vez más, tomemos la forma que tú quieres, que tú has soñado para esta familia. Virgen María, prepara nuestro corazón para acoger la Palabra como tú la acogiste y te alimentaste de ella. Amén.

Finalmente rezan juntos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

PASO 2. ESCUCHAMOS EN FAMILIA LA BUENA NOTICIA

En este ambiente de oración leemos y escuchamos el pasaje bíblico: (un miembro de la familia lee 2 veces el pasaje del evangelio según San Lucas Capítulo 6, versículos 27-38)

+ Del Santo Evangelio según San Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes; porque si aman sólo a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores. Si prestan solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.

Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos, como su padre es misericordioso.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos.

Palabra del Señor.

PASO 3. PROFUNDIZAMOS LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(Un integrante de la familia lee lo siguiente)

Palabras, frases y verbos clave que aparecen en el texto bíblico: Amar, hacer el bien, bendecir, orar, dar, recibir, prestar, no juzgar, no condenar, perdonar.

El texto bíblico de hoy es continuación del texto del domingo pasado, Jesús se encuentra en el llano donde hay mucha gente y continúa enseñando en el contexto de las bienaventuranzas. Esta vez nos presenta, a manera de imperativos (órdenes) un mensaje lleno de libertad cristiana.

Jesús presenta su enseñanza a través de sentencias cortas, es decir, frases contundentes en forma positiva y en negativa. Veamos estos imperativos en el orden en que aparecen, pongamos atención a los que se repiten:  AMEN a sus enemigos, HAGAN EL BIEN a los que los aborrecen, BENDIGAN a quienes los maldicen, OREN por quienes los difaman… al que te golpee en una mejilla PRESÉNTALE la otra, al que te quite el manto, DÉJALO LLEVARSE también la túnica, al que te pida DALE, al que se lleve lo tuyo, NO SE LO RECLAMES; TRATEN a los demás como quieran que los traten a ustedes, AMEN a sus enemigos, HAGAN EL BIEN, PRESTEN, SEAN MISERICORDIOSOS, NO JUZGUEN, NO CONDENEN, PERDONEN, DEN.  Dos veces se repiten los enunciados: «Amen a sus enemigos y hagan el bien», esto quiere decir que Jesús pone especial énfasis en estas actitudes que todo cristiano debe tener.

Qué enseñanzas tan provocadoras y revolucionarias, ¿en verdad se puede amar a los enemigos? ¿es humano ceder siempre? ¿se pueden llevar a la práctica de cada día estas enseñanzas? Ciertamente que esto no es nada fácil, aunque, por otro lado, si queremos ser verdaderos cristianos y discípulos de Jesús, esta debería ser la vía estrecha de nuestro comportamiento, la especificidad de nuestra ética, la ética cristiana. Hasta ahora, nadie había hablado de esta manera, en el Antiguo Testamento la enseñanza judía más radical consistía en no odiar a los enemigos, hasta ahí, pero Jesús no sólo pide no odiar a los enemigos, sino amarlos. Los

Padres de la Iglesia en el siglo II vieron en el amor a los enemigos la gran novedad de la moral cristiana. De esta manera, el amor a los enemigos no es una regla más de conducta que nos pide Jesús, sino es una actitud característica, un estilo de vida de los que nos llamamos cristianos, de quienes queremos ser sus discípulos. Pero, ¿cómo lograr esto?

El mismo texto bíblico nos ofrece la respuesta, en el centro de estas enseñanzas se encuentra el mismo Dios, quien es bueno hasta con las personas malas e ingratas y quien siempre es misericordioso con todos, el amor de Dios siempre se nos adelanta. Así, aunque en otro tiempo éramos incapaces de volver a Dios por nuestros pecados y habíamos perdido su amistad, es decir, siendo sus enemigos, él fue el primero en amarnos, él tomó la iniciativa de venir a nosotros: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único Hijo», nos dice San Juan (3,16); y el mismo San Juan Afirma: «El amor consiste en esto, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo para el perdón de nuestros pecados» (1Jn 4,10), por eso afirmamos que el amor de Dios se nos adelanta en todo momento. ¿Qué decir entonces? Al ser Dios el primero en amarnos a nosotros que éramos sus enemigos, nos da la posibilidad y la fuerza de amar a nuestros enemigos y de vivir así la enseñanza de Jesús, porque si Dios no nos hubiera amado primero, estaríamos incapacitados, no tendríamos ningún fundamento, por decirlo así, de amar a los enemigos; de esta manera, el amor a los  enemigos es una consecuencia natural del amor primero de Dios por ti y por mí. Por otro lado, el amor a los enemigos nos da la posibilidad de que éstos puedan superar su agresividad hacia nosotros, tender puentes para que dejen de ser adversarios y extraños convirtiéndonos así en hermanos, hijos de un mismo Padre que nos ama a todos.

Jesús mismo cumple lo que nos manda, en la cruz pide al Padre que perdone a sus enemigos que lo están crucificando.

PASO 4. MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

  • Dios es amor, ¿qué provoca en nuestra familia saber que Dios, nuestro Padre, nos ha amado primero y nos ha enviado a su Hijo para perdón de nuestros pecados? ¿Realmente somos una familia que nos sentimos y nos sabemos amados por Dios, nuestro Señor?
  • Si Dios ha tomado la iniciativa de amarnos primero, ¿es posible que seamos canales e instrumentos de su amor a nuestros enemigos?
  • Se nos hace difícil amar y perdonar porque tal vez creemos que estas actitudes dependen solo de nosotros, pero en realidad no es así, nosotros no somos la fuente del perdón ni del amor, sino que es Dios en nosotros, entonces ¿qué paso hemos de dar primero para después poder amar y perdonar?
  • El mensaje de Jesús es claro y radical, releamos los quince imperativos que nos ofrece su Palabra y respondamos, ¿con cuál nos identificamos más como familia? ¿qué enseñanza se nos complica más practicar?
  • Si queremos ser una familia verdaderamente cristiana y discípula de Jesús, ¿por dónde hemos de recomenzar? ¿qué es lo que nos ha de identificar? ¿qué actitudes hemos de abandonar definitivamente y qué actitudes nuevas hemos de practicar?
  • ¿Podemos decir que somos una familia cristiana porque nos distingue el amor a los enemigos? ¿Qué actitudes concretas hemos de fomentar?

PASO 5. ORAMOS CON LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

  • Espontáneamente démosle gracias a nuestro Padre Dios por su Palabra
  • ¿Qué le decimos a Jesús para que seamos una familia que se sienta cada vez más amada?
  • Hagamos oración por aquellas personas con las que no nos llevamos bien o nos han lastimado, hagamos oración por quienes hablan mal de nosotros, nos difaman o no les caemos bien.
  • Démosle gracias a Dios porque nos ha dado palabras de vida eterna, porque es misericordioso con nosotros, pidámosle que nos enseñe a tratar a los demás como o él nos trata, con amor y misericordia, y que nos dé su fuerza y su gracia para ser una familia donde su palabra nos haga nuevos cada día.

PASO 6. ACTUAMOS LA PALABRA DE DIOS EN NUESTRA VIDA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

  • ¿Qué acciones concretas podemos hacer como familia para que esta Palabra que ha salido de los labios de Jesús y ha regado nuestro corazón vuelva a él convertida en frutos abundantes?

Después de compartir el punto anterior, todos terminan con esta oración: Gracias Padre bueno porque hemos escuchado, meditado y orado tu Palabra, tu palabra que es vida. Concédenos tu gracia para poder vivirla cada día, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Un pensamiento en “EL ALIMENTO DE LA PALABRA DE DIOS PARA NUESTRA FAMILIA

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