EL ALIMENTO DE LA PALABRA DE DIOS PARA NUESTRA FAMILIA

VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
«EL CAMINO DE LA FELICIDAD»

Esta iniciativa tiene la intención de acercar más a las familias a los tesoros
que abundan en la Palabra de Dios. Pongo en tus manos estos sencillos
pasos que, si se llevan a cabo como se aconseja, estoy seguro que
ayudarán a papás, hijos, abuelos y a todos los miembros de cada familia
a conocer, comprender y poner en práctica lo que Dios una y otra vez nos
dice en su palabra, que es pan que alimenta y vida para el mundo. El
Espíritu Santo ilumine a cada familia en esta aventura, y la Virgen María
y San José nos muestren a la Palabra hecha carne, a quien ellos mismos
contemplaron.

Pbro. Martín González Soria
Catedral de San Buenaventura, Edo. de México.

PASO 1. ORAMOS EN FAMILIA PARA PREPARARNOS A ESCUCHAR
Estando reunida la familia hacen la siguiente oración:
Papá o mamá:
Señor, Padre nuestro, queremos que tú seas el centro de
nuestra familia. Te ofrecemos nuestro hogar y nuestro corazón.
Especialmente te damos gracias por el don de la creación y de nuestra
redención. Ponemos en tus manos a tantas familias que están pasando
por momentos difíciles para que experimenten tu consuelo y tu paz. Amén


Todos los demás miembros de la familia: Señor, tu Palabra sea lámpara que
ilumine nuestros pensamientos, palabras y acciones, a fin de que
transforme y moldee el barro del que estamos hechos y así, cada vez
más, tomemos la forma que tú quieres, que tú has soñado para esta
familia. Virgen María, prepara nuestro corazón para acoger la Palabra
como tú la acogiste y te alimentaste de ella. Amén.
Finalmente rezan juntos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

PASO 2. ESCUCHAMOS EN FAMILIA LA BUENA NOTICIA
En este ambiente de oración leemos y escuchamos el pasaje bíblico: (un
miembro de la familia lee 2 veces el pasaje del evangelio según San Lucas
Capítulo 6, versículos 17.20-26)

  • Del Santo Evangelio según San Lucas 6, 17.20-26
    En aquel tiempo, Jesús descendió del monte con sus discípulos y
    sus apóstoles y se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente,
    que había venido tanto de Judea y de Jerusalén, como de la costa de Tiro
    y Sidón.
    Mirando entonces a sus discípulos, Jesús decía: «Dichosos ustedes
    los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos ustedes los
    que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes los
    que lloran ahora, porque al fin reirán.
    Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los
    expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del
    Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su
    recompensa será grande en el cielo. Pues así trataron sus padres a los
    profetas.
    Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tiene ahora su consuelo!
    ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre!
    ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Ay de

ustedes cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron
sus padres a los falsos profetas!
Palabra del Señor.

PASO 3. PROFUNDIZAMOS LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(Un integrante de la familia lee lo siguiente)

Palabras, frases y verbos clave que aparecen en el texto bíblico:
Jesús, discípulos, apóstoles, mucha gente, monte, llano, Dichosos, ¡ay de
ustedes!, pobres vs ricos, hambrientos vs hartos, los que lloran vs los que
ríen, los que son aborrecidos, expulsados, insultados y maldecidos vs los
que todo mundo alaba.


El texto bíblico se sitúa en el capítulo sexto del Evangelio según San
Lucas. Jesús presenta dos caminos: un camino de dicha y felicidad y otro
de infortunio y dolor.


Ates de exponer el primer camino, Jesús desciende del monte y se
detiene en un llano. Este gesto evoca a Moisés, el cual bajó del monte
Sinaí, trayendo las tablas de la ley, que transmitían la voluntad de Dios
para el pueblo de Israel, que esperaba en el llano. Ahora es el mismo Dios
en la persona del Hijo quien viene desde la montaña, es decir, del
encuentro con su Padre, para traernos palabras de vida, sí, de vida
eterna, que consisten ya no en prohibiciones, como en las tablas del
Antiguo Testamento, sino en expresiones de dicha y felicidad, que es
precisamente lo que necesita escuchar el hombre de nuestro tiempo.


Estas palabras de vida son las bienaventuranzas, que desde el
momento que fueron pronunciadas por Jesús hasta el día de hoy, señalan
un camino nuevo, una ley nueva centrada en la felicidad, la dicha y la
alegría para un nuevo pueblo, nosotros, la Iglesia de Jesús y para todos
los hombres de buena voluntad que deseen acogerlas en su corazón.
Jesús venido de la montaña también evoca al buen pastor que hace
reposar a sus ovejas en el llano verde, la hierba verde, el buen pastor
acompaña y conduce a sus ovejas dándoles el alimento de su palabra, un
camino lleno de vida, dicha y gozo.


La primera bienaventuranza: «Dichosos ustedes los pobres, porque
de ustedes en el Reino de Dios». ¿Cómo es posible llamar dichosos a los
pobres? Los pobres son dichosos no por ser pobres sino porque el Reino
de Dios es para ellos. Tengamos en cuenta que la comunidad primera de
lectores a la que Lucas escribe, pertenecen a una clase de personas
acomodada, no son pobres, basta recordar la parábola del Rico epulón y
el pobre Lázaro (Lc, 16,19-31), o la invitación a hacer buen uso de las

riquezas (Lc, 16, 9-13), que concluye con la frase lapidaria: «No pueden
servir a Dios y al dinero»; también está el pasaje bíblico del hombre rico
a quien Jesús le invita a compartir sus bienes (Lc 18, 18-30).

Entonces, ¿es malo poseer riquezas, ser rico? Ciertamente que no, lo importante es
el desapego a esos bienes materiales para que no se conviertan en
autoseguridad y en autoafirmación, llevando así a la persona al olvido de
Dios y de sus hermanos. Los ricos están llamados a compartir sus bienes,
el ejemplo claro está en Zaqueo, a quien ha llegado la salvación en
Jesucristo por saber compartir sus bienes (Lc 19, 1-10).


Las otras tres bienaventuranzas: «Dichosos los que tiene hambre,
dichosos los que lloran, dichosos los que son aborrecidos y expulsados,
insultados y maldecidos por causa del Hijo del hombre», al igual que la
primera, dejan ver que el hombre no tiene control sobre las situaciones
que vive, situaciones de hambre, de llanto, de ser aborrecidos,
expulsados, insultados y maldecidos, aunque también es cierto que estas
situaciones no tienen la última palabra, sino la intervención de Dios en
favor de los más necesitados y desprotegidos.


La segunda parte del texto nos presenta el camino de la angustia y
el dolor, introducido por la expresión: ¡Ay de ustedes…! A esta parte se le
conoce como los «Ayes», enunciados o declaraciones que manifiestan una
especie de queja, un sentimiento de pena, hacia los ricos, los que se
hartan, los que ríen y los que son alabados por todo el mundo. Este es el
camino contrario a las bienaventuranzas que lo transitan quienes tienen
puesto su corazón en la riquezas (Cf. El texto del joven rico: Lc 18, 18-
30); quienes se hartan y se olvidan de quien pasa necesidad, Cf. La
parábola del rico epulón y el pobre Lázaro: Lc, 16,19-31); quienes «ríen
seguros y encerrados en sí mismos, como si Dios no existiera, y a quienes
todo el mundo los alaba… porque son falsos profetas (Cf. Lc 11, 43-44).

PASO 4. MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

• Jesús nos trae palabras de dicha y felicidad, que son las
bienaventuranzas, ¿Qué lugar merecen las bienaventuranzas en
nuestra familia?, ¿estamos abiertos a escuchar siempre las palabras
de Jesús?, ¿qué obstáculos percibimos que podemos poner a sus
enseñanzas?
• Jesús es el primero que quiere vernos felices, por eso nos presenta
el camino de la felicidad en las bienaventuranzas, ¿Podemos decir
que somos una familia donde se respira felicidad?, ¿cómo lo
percibimos?, ¿nuestra felicidad se sostiene en el camino que hoy

nos presenta Jesús o la buscamos en otras cosas o experiencias que
al final nos dejan tristes y vacíos?
• Respecto a la primera bienaventuranza: «Dichosos ustedes los
pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios», ¿Sabemos
compartir lo mucho o poco que tenemos o nos dejamos llevar por
el egoísmo y la tacañería?, ¿Estamos apegados a cosas materiales
en las que ponemos nuestra seguridad y nuestra autoestima?,
¿cómo podemos ser una familia a quien pertenece el Reino de Dios,
como quiere Jesús?
• Respecto a las otras bienaventuranzas, ¿Tenemos necesidad de que
todo mundo nos alabe o estamos más bien comprometidos con la
verdad, que es Jesucristo, aunque esto traiga como consecuencia
que nos aborrezcan y nos insulten o maldigan? ¿Reímos satisfechos
y pagados de nosotros mismos olvidándonos de Dios y de los
necesitados?
• Jesús habla de dos categorías de seres humanos, los que son
dichosos y los que son infelices ¿Qué tipo de familia deseamos ser,
una familia dichosa y feliz o una familia infeliz y triste?, ¿qué
podemos hacer concretamente para ser cada día más una familia
como Jesús la quiere, es decir, una familia feliz? ¿Qué camino
queremos seguir?

PASO 5. ORAMOS CON LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

• Espontáneamente démosle gracias a nuestro Padre Dios por su
Palabra
• ¿Qué le decimos a Jesús para que seamos una familia cada vez más
feliz y dichosa?
• ¿Qué obstáculos le pedimos que quite de nuestra vida y qué
gracia(s) le pedimos para seguir el camino de la felicidad?
• ¿Qué nace de nuestro corazón decirle al Señor para ser una familia
que viva las bienaventuranzas?
• Démosle gracias a Dios porque nos ha dado palabras de vida eterna,
porque hoy nos muestra el verdadero camino para ser como él
quiere, y que nos dé su fuerza y su gracia para ser una familia
donde su palabra nos haga nuevos cada día.

PASO 6. ACTUAMOS LA PALABRA DE DIOS EN NUESTRA VIDA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

• ¿Qué acciones concretas podemos hacer como familia para que esta
Palabra que ha salido de los labios de Jesús y ha regado nuestro
corazón vuelva a él convertida en frutos abundantes?
Después de compartir el punto anterior, todos terminan con esta oración:
Gracias Padre bueno porque hemos escuchado, meditado y orado tu
Palabra, tu palabra que es vida. Concédenos tu gracia para poderla vivir
cada día, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Un pensamiento en “EL ALIMENTO DE LA PALABRA DE DIOS PARA NUESTRA FAMILIA

  1. Jorge Rosendo Calvo Djiaz dice:

    Evidentemente las bienaventuranza nos dejan mucho para la reflexión,me impacta la palabra tacaño,y reconozco que algo tengo de ello,pondré en práctica el desapego a las bienes materiales,el mundo tiene muchas necesidades,económicas,y espirituales,trabajaré para poner en práctica,las virtudes teologales fe,esperanza y caridad

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