EL ALIMENTO DE LA PALABRA DE DIOS PARA NUESTRA FAMILIA

V DOMINGO DE PASCUA

« EL DESAFÍO DEL AMOR ES CUESTIÓN DE FE»

Esta iniciativa tiene la intención de acercar más a las familias a los tesoros que abundan en la Palabra de Dios. Pongo en tus manos estos sencillos pasos que, si se llevan a cabo como se aconseja, estoy seguro que ayudarán a papás, hijos, abuelos y a todos los miembros de cada familia a conocer, comprender y poner en práctica lo que Dios una y otra vez nos dice en su palabra, que es pan que alimenta y vida para el mundo. El Espíritu Santo ilumine a cada familia en esta aventura, y la Virgen María y San José nos muestren a la Palabra hecha carne, a quien ellos mismos contemplaron.

Pbro. Martín González Soria

Catedral de San Buenaventura, Edo. de México.

PASO 1. ORAMOS EN FAMILIA PARA PREPARARNOS A ESCUCHAR

Estando reunida la familia hacen la siguiente oración:

Papá o mamá: Señor, Padre nuestro, queremos que tú seas el centro de nuestra familia. Te ofrecemos nuestro hogar y nuestro corazón. Especialmente te damos gracias por el don de la creación y de nuestra redención. Ponemos en tus manos a tantas familias que están pasando por momentos difíciles para que experimenten tu consuelo y tu paz. Amén

Todos los demás miembros de la familia: Señor, tu Palabra sea lámpara que ilumine nuestros pensamientos, palabras y acciones, a fin de que transforme y moldee el barro del que estamos hechos y así, cada vez más, tomemos la forma que tú quieres, que tú has soñado para esta familia. Virgen María, prepara nuestro corazón para acoger la Palabra como tú la acogiste y te alimentaste de ella. Amén.

Finalmente rezan juntos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

PASO 2. ESCUCHAMOS EN FAMILIA LA BUENA NOTICIA

En este ambiente de oración leemos y escuchamos el pasaje bíblico: (un miembro de la familia lee 2 veces el pasaje del evangelio según San Juan Capítulo 13, versículos 31-33. 34-35)

+ Del Santo Evangelio según San Juan 13, 31-33. 34-35

Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.

            Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos.

Palabra del Señor.

PASO 3. PROFUNDIZAMOS LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(Un integrante de la familia lee lo siguiente)

Palabras, frases y verbos clave que aparecen en el texto bíblico: glorificar, Dios, mandamiento nuevo, amar, discípulos.

Con la salida de Judas del cenáculo, comienza la entrada de Jesús a su glorificación, si por un lado la salida de Judas evoca su traición, por otro lado, la entrega de Jesús manifiesta su glorificación, es decir, su paso de este mundo al Padre. Traición y glorificación se conjugan en este texto bíblico. Dos movimientos muy diferentes y contrastantes, el de Judas, movido por la ambición y codicia, mientras que el movimiento de Jesús caracterizado por el amor, la entrega y el sacrificio. Judas Iscariote sale, se marcha para un plan malvado, va a reunir a la guardia y soldados que prenderán a Jesús y en su momento lo conducirán a su muerte; mientras Jesús anuncia otro plan, el plan de salvación, es decir, su glorificación: su Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión al cielo. Para San Juan, la glorificación de Jesús no significa su derrota o humillación sino su exaltación, su victoria, su triunfo sobre el pecado y la muerte.

La palabra en diminutivo «Hijitos» que utiliza Jesús, da a este pasaje un tono de ternura, de una familia que está compartiendo la cena, evocando así a la familia judía que se reunía para inmolar y comer del cordero en la Pascua; ahora Jesús se dirige a sus discípulos con esta palabra, como un padre en torno a sus hijos que se está despidiendo «Todavía estaré un poco con ustedes»; es decir, por poco tiempo voy a estar entre ustedes, me queda poco tiempo con ustedes, son palabras con una fuerte descarga de una próxima ausencia, palabras de despedida que Jesús dirige a los suyos. En este contexto Jesús deja su testamento a sus hijitos, a sus discípulos y en ellos a nosotros, testamento que consiste en un mandamiento nuevo, el mandamiento del amor: «Que se amen los unos a los otros, como yo los he amado».

Los discípulos no pueden seguir a Jesús cuando éste abandone la vida, pero reciben un mandamiento que, si lo observan, mantendrá vivo entre ellos el espíritu de Jesús mientras sigan viviendo en este mundo. El amor entre los discípulos de Jesús, es decir, entre todos nosotros, será en adelante el signo o señal para que nos distingan de los demás, para que el mundo conozca que somos sus discípulos, seguidores de Cristo. Pero el amor es un don que viene de Dios, procede del Padre por Jesús, el Padre es el AMOR, es la fuente del amor, y este don es otorgado a los que creen en él. No hay que olvidar que el amor no depende de nosotros como si fuéramos la fuente, sino depende de Dios en nosotros, antes de amar dejémonos amar por el amor de Dios, nadie da lo que no tiene. Tal vez por eso se nos hace difícil amar, el amor viene de Dios, no de nosotros, estamos llamados a dejar pasar, fluir, el amor de Dios a través de nosotros a los demás, no lo detengamos. San Juan expresa el amor del Padre diciendo: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él tenga vida eterna», y en sintonía, el amor del Hijo se expresa en su entrega de la vida, un acto de amor que da la vida a los hombres; de esta manera podemos decir que el que ama como Jesús ha amado, muere, muere a su ego, pero paradójicamente al mismo tiempo vive, porque es el amor la única experiencia que nos hace morir-vivir, morir para nosotros para vivir para los demás.

Por otro lado, si quisiéramos poner una medida al amor que Jesús nos pide hoy en su Palabra, tendríamos que afirmar que dicha medida es el amor que Cristo nos tiene, «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado», de esta manera, la medida del amor nos es otra que el mismo amor de Jesús, pero ¿Podríamos poner un límite al amor de Jesús por nosotros? El profeta Jeremías afirma refiriéndose a Dios: «Con amor eterno te he amado» (Jr 31,3). Vemos entonces que el amor no tiene medida porque el amor es una persona, Dios, y este amor tiene un destinatario o más bien un interlocutor, el hombre, y el hombre tiene a su vez otro destinatario, sus hermanos.

PASO 4. MEDITAMOS LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

  • Al confrontarnos con la Palabra de Dios, ¿Nos parecemos más a una familia que se caracteriza por las actitudes de Judas Iscariote, movido por ambiciones, egoísmos, intereses personales o actitudes superficiales, donde cada uno se preocupa por sí mismo, o nos caracterizamos por ser una familia que se parece más a Jesús, con actitudes de entrega, sacrificio y aceptación de la voluntad de nuestro Padre Dios?, ¿En qué lo notamos?
  • Al dirigirse Jesús a sus discípulos y en ellos a todos nosotros con el diminutivo «Hijitos», ¿Cómo son las palabras que utilizamos en nuestra familia?, ¿Son palabras de ternura que hacen sentir bien al otro, palabras de cordialidad, respeto y afecto, o son palabras de desprecio, de dureza, de falta de caridad?
  • Dice Jesús, «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado»; para poder amar hay que tener la experiencia de sentirnos y sabernos primero amados por Dios, ¿Somos una familia que experimenta ser amada profundamente por Dios?, ¿Cómo lo notamos?, ¿Se nos hace difícil amar porque creemos que nosotros somos la fuente del amor o nos dejamos a mar por Dios para que su amor pase a través de nosotros a los demás?

PASO 5. ORAMOS CON LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

  • Espontáneamente démosle gracias a nuestro Padre Dios por su Palabra.
  • Pidámosle con humildad que nos dejemos amar por él para que a su vez sepamos amarnos entre nosotros.
  • ¿Qué obstáculos que nos impiden amar le pedimos que quite de nuestra familia?

PASO 6. ACTUAMOS LA PALABRA DE DIOS EN NUESTRA VIDA

(El papá o la mamá dirigen este paso)

  • ¿Qué acciones concretas podemos hacer como familia para que esta Palabra que ha salido de los labios de Jesús y ha regado nuestro corazón vuelva a él convertida en frutos abundantes?

Después de compartir el punto anterior, todos terminan con esta oración: Gracias Padre bueno porque nos has hablado en tu Hijo, porque hemos escuchado, meditado y orado su Palabra, Palabra que es vida. Concédenos tu gracia para que en nuestra familia la podamos vivir cada día, por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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